|
¿Arquitectos como artistas? |
|||
|
Una crítica de la filosofía de la arquitectura |
|||
|
de Ayn Rand |
|||
|
|
|||
por Alejandro Miroli
|
|||
|
“...que el único mal de la tierra está en colocar el interés fundamental en los otros hombres”. El manantial, Ayn Rand |
|||
|
|
|||
|
§1. La obra de Ayn Rand (San Petesburgo, 1905-Nueva York, 1982) ha ejercido una influencia -si bien no masiva, de alcance cada vez mayor- en círculos liberales por su peculiar y obstinada defensa de un ideal justificador de las formas mas extremas del capitalismo de libre empresa: el ideal del egoísmo virtuoso, del individuo como actor social autointeresado y autocentrado, de la sociedad como obra de actores egoístas que llevan a cabo sus proyectos o planes de vida con prescindencia de cualquier imagen pública, de cualquier retorno, interés o beneficio social, llevando hasta sus últimas consecuencias el modelo ibseniano del individuo contra la sociedad. Por la intensidad con que ilustran su pensamiento sobresalen sus novelas We, the living (1936, trad. al castellano como Los que vivimos), The Fountainhead (1943, trad. al castellano como El manantial) y Atlas Shrugged (1957, trad. al castellano como La rebelión de Atlas): novelas-río, cada una de ellas presenta a los héroes randianos en situaciones de enfrentamiento con toda la sociedad sin cejar en sus ideas y logrando a la postre un triunfo sobre aquellos que obedecen las tradiciones y los mandatos sociales[i]. De ellas la más conocida sin duda es El manantial[ii] ya que en 1949 fue objeto de una versión cinematográfica protagonizada por Gary Cooper quien agregó al ideal randiano su particular caracterización del héroe americano. Novela de tesis, extensa, recostada en un uso descriptivo del lenguaje, con personajes extremadamente lineales y predecibles, meramente reactivos, empleados como encarnación de ideales o arquetipos sin capacidad de trascender el guión que la autora les ha dado ya que sólo son posiciones o lugares ideológicos presentados a los fines de ilustrar el conflicto entre el individuo y la sociedad; la particularidad de la novela reside en su tema ya que la autora eligió como protagonista a un arquitecto y, a tal punto es una novela de arquitectos que allí donde lo literario fracasa aparece una completa filosofía de la arquitectura: ciertas equivalencias básicas entre las tesis de filosofía social randianas y los materiales de una teoría de la arquitectura sobrevuelan la novela: Héroe randiano solitario consciente de que posee una verdad que debe defender contra toda tentación de facilitar su vida renunciando a ella ≡ arquitecto
Dificultades del héroe randiano en su desarrollo vital en una sociedad ≡ lucha del arquitecto contra la tradición y el conformismo que pueblan los estudios y la crítica de arquitectura.
Howard Roark es el héroe que vive con claridad el ideal de vida randiano: “He venido aquí a manifestar que no reconozco a nadie derecho alguno sobre un minuto de mi vida. Ni sobre una parte de mi energía. Ni sobre ninguna obra mía. Ni me interesa quién haga la petición, o cual sea el número, o cuán grande sea la necesidad que ellos tengan. He querido venir aquí para decir que soy un hombre que no existe para los otros” (M, 813). La novela narra como ese ideal determina un completo itinerario personal, desde su expulsión de la escuela de arquitectura del Instituto Tecnológico de Stanton, cuyo decano le recriminó que “-...todos los proyectos que ha tenido que dibujar ...los ha hecho ... a su increíble manera, contraviniendo los principios que tratamos de inculcarle, contrariando todos los precedentes establecidos y las tradiciones artísticas. Usted cree ser lo que se llama un modernista...se trata de mera locura.-” (M, 15) hasta su triunfo final de carácter épico –presentado al lector como una cámara imaginaria que se aleja conformando un plano cinematográfico- “Dominique... lo vio en la plataforma más alta del... más grande edificio de Nueva York. Pasó los pináculos de los edificios de los bancos. Subió sobre las torres de los templos. Después ya no hubo nada más que el océano, el cielo y la figura de Howard Roark.” (M, 822-3), incluyendo el rito de pasaje del héroe obligado a reafirmar sus opciones ideológicas como una misión irrenunciable, en circunstancias en las que le hubiera sido mucho mas cómodo renunciar a ellos, como cuando Howard Roark le responde a Henry Cameron, un viejo arquitecto defenestrado por la ortodoxia a causa de sus ideas estéticas quien le recrimina “-...irá a la oficina de un hombre con sus dibujos... mendigándole, suplicándole, ... con tal que él le permita construir el edificio, querrá desgarrarse las entrañas para mostrárselas y hacerle ver lo que usted tiene dentro a fin de que le permita erigir el edifico... él dirá que lo lamenta mucho , porque el trabajo ha sido otorgado a Guy Françon. Y volverá a su casa, y ...gritará como un borracho y como un animal...¿lo quiere usted?-. –Si –dijo Roark.” (M, 71), o cuando sabotea el conjunto estatal de viviendas baratas de Cortland Homes, cuyo diseño había hecho él sin ninguna retribución o reconocimiento bajo la única condición de que su proyecto no fuera alterado por nada “Convine en hacer el proyecto para Cortland con el propósito de verlo construido conforme a mi diseño y sin ninguna ora razón. Ese fue el precio que puse a mi trabajo y no se me pagó... Pero los propietarios de Cortland obtuvieron de mí lo que necesitaban...Se beneficiaron de mi trabajo y me hicieron contribuir con él como si fuera un regalo. Pero no soy altruista. No contribuyo con regalos de esa naturaleza.” (M, 811-2).
El carácter del héroe randiano se patentiza más cuando se lo compara con el destino de su condiscípulo Peter Keating, aquel que siempre piensa en lograr que los demás tengan la mejor opinión de él, en hacer aquello que en su momento sea alabado y demandado, el mejor y más popular alumno de la promoción de Arquitectura, 1922 del Instituto, llamado a trabajar por un importante estudio de Nueva York “FRANÇON Y HEYER. Arquitectos”, donde ingresa como dibujante auxiliar y rápidamente reconoce las redes de poder y las debilidades que tiene el director del estudio, usándolas para su propia promoción personal, que siempre sigue la opinión reinante para obtener el mejor beneficio posible y que transforma esta subordinación a las opiniones en un principio estético: “Los fanáticos que predicaban que todas las construcciones debían ser modernas, son tan estrechos de espíritu como los obstinados conservadores que exigen que no empleemos nada más que estilos históricos:... el cambio constante es una necesidad de la vida <...> no veo donde está el mal de tratar de ayudar a la gente, en querer ser cordial, querido y popular.” (M, 563, 406). Y la autora supone que los destinos personales y profesionales de ambos son el resultado de sus opciones morales y profesionales: el triunfo final de Howard Roark y la degradación y conciencia del fracaso de Peter Keating presentan dos visiones de la arquitectura: la arquitectura como expresión de una voluntad de creación autónoma vs. la arquitectura como satisfacción de solicitudes y modas sociales. La última supone que el arquitecto ha de estar al servicio del pasado o de una tradición, de las modas, de la voluntad de los comitentes, de la opinión de los críticos, de los lugares comunes y las certezas presumidas Podemos llamar la idea de la arquitectura dominante en el medio profesional que Howard Roark enfrenta la idea de la arquitectura servil, que está defendida por numerosos colegas de Howard Roark: arquitectura servil = (i) John Eric Snyte expone el credo arquitectónico ortodoxo: “Una combinación de majestad y comodidad, comprenda, una casa muy austera, como ésta, debe tener algunos toques delicados. Esto es estrictamente correcto hablando en términos arquitectónicos.” (M, 147), (ii) los mismos clientes parecen recitar ese credo cuando un comitente decide cancelar el encargo de un edifico bancario a Howard Roark alegando que “Nuestros conservadores no quisieron aceptar un edificio extraño y rígido como el suyo... hemos buscado un término medio...tampoco es arquitectura tradicional pero dará al público la impresión de ver lo que está acostumbrado a ver...Parece como si hubiera una ley no escrita que establece que un Banco debe tener un pórtico clásico, ... ustedes los modernistas no dan importancia muy grande a una simple fachada, es el plano lo que cuenta para ustedes...” (M, 230-1) (iii) los críticos de la arquitectura lo defienden v.g. cuando Ralston Holcombe declara como testigo de cargo en el juicio contra Howard Roark “Es un hecho científico que el estilo arquitectónico del Renacimiento es el único apropiado para nuestra época... es el único estilo conveniente para iglesias, templos y catedrales. “ (M, 409).
De acuerdo con esta tesis, la corrección estética es paralela a la jerarquización de las decisiones en los estudios arquitectónicos y a las relaciones de poder entre estudios y clientes: al ver que un cliente no termina de decidirse cuando Snyte le muestra un boceto que había preparado con ideas que previamente le dieron sus dibujantes, Howard Roark salta sobre el boceto, que había sido creado por él, y repone sus ideas originales sin que Snyte se lo permita, y éste, al verse desautorizado por su empleado lo echa del estudio; pero al cliente le interesan los bocetos de Howard Roark, y lo sigue para contratarlo en una cafetería. Así, como la expresión de una voluntad propia que no tiene en cuenta para nada a los demás comienza el cursus honorum del héroe randiano: su propia voluntad y una conciencia absoluta en sus propias ideas estéticas, inmune a la crítica, lo van guiando hasta la meta final.
§2. ¿Porqué elegir un arquitecto y no un mecánico dental para mostrar al héroe randiano? La razón de ello la expone Peter Keating en la declaración que hace durante el juicio en el que un comitente le exige a Howard Roark una indemnización por los gastos de demolición de un templo cuyo proyecto le había encargado, pero que fue denostado por la crítica arquitectónica hasta convencer al comitente de su obscenidad; allí Keating dice “...Pienso que el señor Roark tiene posibilidades definitivas particularmente en los problemas de pura ingeniería. Podría llegar a ser algo.” (M, 406). Es esta frase encierra el núcleo de la teoría de la arquitectura de Ayn Rand, aquella característica que tiene Howard Roark y que lo distingue de la mayoría de los arquitectos -definidos por su subordinación a la idea de arquitectura servil y a los caprichos de sus comitentes-: la arquitectura como expresión vital de un creador absolutamente personal y autónomo. Y lo que Peter Keating rechaza, i.e. la creación arquitectónica como pura expresión de valores personales completamente independiente de fines utilitarios, sean individuales o sociales, sin ningún apego a tradiciones u opiniones comunes aceptadas, las que según él serían virtudes en el caso de las ingenierías o tecnologías –pues en estos ámbitos la tradición y los valores comunes no cuentan- conforma el axioma central de la teoría randiana de la arquitectura: ARQUITECTURA = ACTIVIDAD QUE PRODUCE EPISODIOS DEL PROCESO DE TRANFORMACIÓN MATERIAL DEL ESPACIO FÍSICO HUMANO COMO INSTANCIAS DE VALORES ESTÉTICOS.
Ayn Rand sostiene esto por medio del paralelo vital y profesional que hay entre Howard Roark y otro héroe randiano de su novela: Steven Mallory un escultor que Roark contrata para que haga la escultura central del templo Sttodard, sólo por los valores e ideas estéticas que tiene su obra; ya que cuando se conocen Roark le pide “...-Ahora hable,. Dígame todo lo que quiera. No me diga nada de su familia, de su infancia, de sus amigos, o de sus sentimientos. Hábleme de lo que usted piensa.-“ (M, 381), y aquello que sea el pensamiento coincide con lo que Mallory concede como la única razón que va tener en cuenta cuando alguien se interese en su trabajo: “ las cosas que he hecho le gustan a usted sin que nadie le haya dicho que deberían gustarle o por qué le deberían gustar... sin conocer nada de mí, sin importarle un comino, solamente porque las cosas que yo he hecho y que usted vio en ellas... y lo que vio me dio importancia a sus ojos e hizo que me buscase.” (M, 378). La afirmación de Mallory es clara: aquello que debería mover el interés de alguien por una obra no será ninguna determinación del inconsciente del creador, o la coincidencia entre la obra y modas sociales, o la función que la obra pueda tener en un contexto de creencias sociales, o una pulsión consumista del observador, en suma nada que pueda conocerse y estudiarse en forma mecánica; solo las trazas del acto de creación personal en la cosa creada deberán motivar el interés, y estas trazas son los valores estéticos[iii] que el creador moviliza: ACTIVIDAD DE INSTANCIACIÓN DE VALORES (= EXPRESIÓN) ESTÉTICA = PRODUCCIÓN DE UNA OBRA QUE ADQUIERE SENTIDO ESTÉTICO POR EL DESARROLLO DE LA VOLUNTAD DE EXPRESAR LOS VALORES ESTÉTICOS DEL CREADOR EN ELLA Y NO POR NINGÚN VALOR SOCIAL O CONTEXTUAL DEL RECEPTOR.Esta concepción de la arquitectura como expresión vital de los valores estéticos de un creador realizados en episodios de transformación material del espacio físico humano, se puede sistematizar en estas cuatro Ideas de la filosofía de la arquitectura defendida por Howard Roark[iv]: (i) Idea de creación no utilitaria: “Mira , los clientes no me importan nunca, salvo en lo referente a la obra arquitectónica. Los considero como parte del tema y del problema de mis edificios, como los materiales de los edificios, tanto como considero a los ladrillos y al acero. Los ladrillos, el acero ... y los clientes no constituyen nada más que los medios de mi trabajo<...> Un arquitecto necesita clientes pero no subordina su obra a los deseos de ellos.” (M, 689, 809);
(ii) Idea de voluntad independiente: “El hombre que intenta vivir para los demás es un ... parásito en el móvil y hace parásito a los demás a quienes sirve. La relación no produce mas que corrupción, el absurdo como concepto, . Lo que más se acerca a ello... es la esclavitud. Si la esclavitud es físicamente repulsiva, ¿cuánto más repulsivo no será el concepto de la servidumbre del espíritu?” (M; 808)
(iii) Idea de autonomía de los valores estéticos: “Quiero hacer un edificio real, viviente, que funcione... Total, puro, completo, íntegro. ¿Sabes lo que constituye un principio de integridad? Un pensamiento. El pensamiento único, que creó la obra y cada una de sus partes. El pensamiento que nadie puede cambiar y tocar. Lo único que me importa es mi objeto, mi precio, mi principio, mi fin es el trabajo en sí,... hecho a mi manera, a mi gusto. Un motivo privado, personal, egoísta <...> Para un creador todas las relaciones con los hombres son secundarias.” (M, 691, 808).
(iv) Idea de morada como expresión vital: “La mayoría de la gente edifica conforme vive, como algo rutinario, como un accidente sin sentido; pero pocos comprenden que construir implica un gran símbolo. Vivimos en nuestros espíritus y la existencia es la intención de llevar esa vida a la realidad física y manifestarla en gesto y forma. Para el hombre que comprende esto, la casa que posee es una expresión de su vida.” (M, 615).
La obras arquitectónica será un episodio del proceso de transformación material del espacio físico humano guiado por la voluntad creadora del creador/arquitecto, que se expondrá y se llevará a cabo tal como fue diseñada, sin añadidos ni negociaciones ni cambios en aras de obtener algún apoyo social o una opinión agradable, de ningún rasgo y que se legitimará en el mero hecho de ser una obra de creación personal que como tal sale completa y cerrada del pensamiento de su creador. Y en tanto surge de aquellos valores que le provocan una necesidad de expresarse, la creación de episodios del proceso de transformación material del espacio físico humano será análoga a la creación artística, será creación artística sin más. Pero estas Ideas no solo conforman la teoría randiana de la arquitectura sino que las autoconcepciones de la arquitectura están cruzadas por las Ideas randianas. Si bien Howard Roark no representa la psicología del arquitecto promedio, sí representa aquel rasgo que distingue a la comunidad de arquitectos de la comunidad de zoólogos o de plomeros: el arquitecto como creador, como artista, como instanciador de valores estéticos. Como señala Keating difícilmente un maestro mayor de obras o un ingeniero civil hubieran sido arquetipos del héroe randiano precisamente porque contribuyen a la transformación material del espacio físico humano pero sus prácticas no isntancian valores estéticos. Por ello la selección que hace Ayn Rand de un arquitecto como modelo de héroe no es errónea sino que es sintomática ya que la autoconcepción dominante de la arquitectura realmente existente sí es randiana y supone al héroe randiano: ve en la arquitectura una profesión de héroes creadores, artistas del espacio, vehiculizadores y exponentes de valores estéticos, que reciben consagración de artistas, emplean el mismo aparato de circulación y comercialización de significados de la industria cultural de bellas artes, v.g. bienales, exposiciones retrospectivas en museos de artes, catálogos razonados, etc., comparten las mismas secciones periodísticas, los mismos autores, las mismas razones ideológicas, las mismas modas críticas, las mismas reescrituras que las que se emplean en otras artes –pintura, grabado, escultura, dibujo, serigrafía, fotografía, etc.. En suma la forma de autoconsagración de los arquitectos –el continuo arquitecto-diseñador-artista- es claramente randiana, y cae bajo los límites de las Ideas randianas sobre la arquitectura.
§3. ¿Puede sostenerse que las actividades de transformación material del espacio físico humano necesariamente tienen un carácter o rasgo randiano? En el año 1362 antes de nuestra era el faraón Aménophis IV (1372-1354 a.n.e.)–posteriormente llamado Akhenatón “Aquel que es beneficiado por Atón”- impuso el culto excluyente a Atón –la fuerza divina del disco solar- en uno de los primeros ensayos de monoteísmo de la historia humana; como consecuencia de ello ordenó que en la actual Et-Till el-Amarna se levante el centro ideológico político de la religión atónica llamado Akhetatón; y los templos atónicos que allí se levantaron tenían un rasgo particular: sus naves centrales carecían de techo para permitir que la luz solar se derramara sobre los creyentes. Este es simplemente un caso en el que la forma que adquiere la transformación material del espacio físico humano está determinada por valores que no son estéticos, pero en ese caso ¿cabe la arquitectura religiosa atónica en las Ideas randianas, o por lo contrario el carácter particular de la experiencia religiosa, la expresión de lo numinoso en una comunidad hace que la forma material del espacio físico de una religión refleje la particular forma de dicha experiencia numinosa y no algún valor estético? Y esto se puede generalizar para todas las sociedades humanas y para todos los ámbitos de la práctica humana i.e. la arquitectura militar, deportiva, de almacenamiento de granos, en suma para toda transformación material del espacio físico humano unida funcionalmente a valores que no son meramente estéticos. Lentamente la obligación de construir templos atónicos sin techo se va convirtiendo en metáfora de una nueva teoría de la arquitectura, que renuncia a las formas de autoconsagración randianas y se va deslizando hasta considerarla una artesanía social compleja, una tekhné pública sobre relaciones instrumentales y fines sociales involucrados en los procesos sociales de transformación material del espacio físico humano. Pero parece existir una excepción, las Ideas randianas de la arquitectura tienen un refugio: la producción de transformaciones físicas espaciales para el consumo de los sectores sociales que concentran la riqueza y que tienen excedentes económicos que les permite invertir en aquellos cambios materiales dispuestos para instanciar valores estéticos o pagar por transformaciones que están fuera de cualquier consideración sobre la maximización de la inversión respecto de fines; y esto no es ajeno al héroe randiano: el mismo éxito consagratorio de Howard Roark es un encargo de Gail Wynand, un magnate periodístico e inversor inmobiliario millonario que le encarga que proyecte como le plazca el edificio mas alto de Nueva York que construirá en un amplio lote de su propiedad y llevará su nombre. Y el propio Howard Roark rechaza toda posibilidad de unir los ideales de la arquitectura randiana con cualquier uso que sea social “...yo no quiero que se me de ningún trabajo de ningún Gobierno... nunca me había interesado por ayudar a los pobres.” (M, 690, 812). El arquitecto randiano no forma parte de procesos colectivos, vive fuera de la realidad social, el puro acto de creación personal en el que se instancian valores estéticos lo aísla de cualquier consideración cooperativa; no es casualidad entonces que salvo excepciones la autocelebración de la arquitectura randiana sea la exposición pública de la producción de transformaciones espaciales burguesas, que disponen de amplios recursos económicos para poder ir mas allá de las restricciones funcionales, hasta la morada como obra de arte, propia de la industria cultural. Práctica sin sociedad, creador de episodios estéticos de uso humano como moradas, manifestación de un autismo estético, descontextualizado de todas formas, incapaz de entender la lógica interna de los valores estéticos –valores que operan dependientes de otros y que sobrevienen a las nuevas organizaciones del mundo material sin que se pueda planear que aparezcan, sin que puedan ser objeto de una búsqueda deliberada, y que siempre se subordinan a fines culturales no estéticos i.e. que ninguna consideración estética podrá reponer el techo en los templos atónicos-, ciego a la autocelebración burguesa en la que sus supuestos valores estéticos cumples roles económicos bien marcados, el arquitecto randiano –el arquitecto como artista- no refleja un carácter universal de tal disciplina: refleja, sin poder evitarlo, un orden social determinado, y un determinado sistema de creación y circulación de valor económico. Ningún heroísmo, ningún carácter épico acompaña tales cosas. [i] Además de novelas y obras de teatro, Ayn Rand escribió ensayos políticos y dio nombre a un movimiento de ideas político-filosóficas: el objetivismo. Entre estos textos se encuentran The virtue of Selfishness (1965) y Capitalism: The Unknown Ideal (1966). [ii] En lo que sigue citaremos por la versión del Circulo de Lectores, Barcelona, 1972, abreviada como M y nº de página. [iii] La expresión valores estéticos la tomamos en su sentido mas general como denotando aquellos rasgos de una entidad que producen juicios de gusto en los espectadores de tal entidad. Esta caracterización es compatible con teorías subjetivistas, intersubjetivistas o contextualistas y objetivistas, inmanentistas o trascendentalistas. [iv] La filosofía es la disciplina académica que investiga la symploké de Ideas que organizan las representaciones de un campo de la Práctica humana: así la filosofía de la arquitectura será el estudio de las Ideas que organizan los saberes y los discursos de las autoconcepciones que aquellos que diseñan, dirigen, contratan y critican la producción de edificios con fines múltiples. |
|||