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DOSSIER BORGES |
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LA CIFRA |
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Deseamos comenzar este dossier sobre Jorge Luis Borges (1899-1986) con una reflexión del autor sobre la experiencia de la poesía: “He sido profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y he tratado de prescindir en lo posible de la historia de la literatura. Cuando mis estudiantes me pedían bibliografía yo les decía: ‘no importa la bibliografía; al fin de todo, Shakespeare no supo nada de bibliografía shakespiriana’. (...) Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no ha escrito para ustedes. Déjenlo de lado, que la literatura es bastante rica para ofrecerles algún autor digno de su atención, o indigno hoy de su atención y que leerán mañana.’(...) El hecho estético es algo tan evidente, tan inmediato, tan indefinible como el amor, el sabor de la fruta, el agua. Sentimos la poesía como sentimos la cercanía de una mujer, o como sentimos una montaña o una bahía. Si la sentimos inmediatamente, ¿a qué diluirla en otras palabras, que sin duda serán más débiles que nuestros sentimientos?”. (“La poesía” en Siete noches, 1980) A este punto nos sentimos tentados de incluir en esta selección un poema:
La poesía de Borges invita a la participación en el mundo de la invención no menos real por literaria que el mundo “real y cotidiano”. Dedicamos el breve dossier a la idea de la cifra que constituye la conmovedora y estremecedora visión del designio al que estamos deparados desde que somos uno de los hilos que teje la trama del destino. La cifra es, para Borges, el rasgo que da a la condición humana un tono intenso y trágico; ella puede sintetizar una vida y permite el ordenamiento de la abundancia de experiencias, sensaciones y objetos que edifican la existencia del hombre. “Cada uno se define para siempre en un solo instante de su vida, un momento en el que el un hombre se encuentra para siempre consigo mismo. (...) La idea de Dios como indescifrable es un concepto que ya encontramos en otro de los libros esenciales de la humanidad. En el Libro de Job (...)” (“La divina Comedia” en Siete noches, 1980)
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| (El otro, el mismo, 1964) | ||
| (La rosa profunda, 1975) | ||
| De que nada se sabe | (La rosa profunda, 1975) | |
| El hacedor | (La cifra,1981) | |
| La trama | (La cifra,1981) | |
| (La cifra,1981) | ||
| Doomsday | (Los conjurados, 1985) |
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SOY |
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| Soy el que sabe que no es menos vano |
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| Que el vano observador que en el espejo | ||
| De silencio y cristal sigue el reflejo | ||
| O el cuerpo (da lo mismo) del hermano. | ||
| Soy, tácitos amigos, el que sabe | ||
| Que no hay otra venganza que el olvido | ||
| Ni otro perdón. Un dios ha concedido | ||
| Al odio humano esta curiosa llave. | ||
| Soy el que pese a tan ilustres modos | ||
| De errar, no ha descifrado el laberinto | ||
| Singular y plural, arduo y distinto, | ||
| Del tiempo, que es de uno y es de todos. | ||
| Soy el que es nadie, el que no fue una espada | ||
| En la guerra. Soy eco, olvido, nada. | ||
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(de La rosa profunda, 1975) |
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De que nada se sabe |
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La luna ignora que es tranquila y clara | |
| Y ni siquiera sabe que es la luna; | ||
| La arena, que es la arena. No habrá una | ||
| Cosa que sepa que su forma es rara. | ||
| Las piezas de marfil son tan ajenas | ||
| Al abstracto ajedrez como la mano | ||
| Que las rige. Quizá el destino humano | ||
| De breves dichas y de largas penas | ||
| Es instrumento de Otro. Lo ignoramos; | ||
| Darle nombre de Dios no nos ayuda. | ||
| Vanos también son el temor, la duda | ||
| Y la trunca plegaria que iniciamos. | ||
| ¿Qué arco habrá arrojado esta saeta | ||
| que soy? ¿Qué cumbre puede ser la meta? | ||
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(de La rosa profunda, 1975) |
| El hacedor | ||
| Somos el río que invocaste, Heráclito. | ||
| Somos el tiempo. Su intangible curso |
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| Acarrea leones y montañas, | ||
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Llorado amor, ceniza del deleite, |
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Insidiosa esperanza interminable, |
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| Vastos nombres de imperios que son polvo, | ||
| Hexámetros del griego y del romano, | ||
| Lóbrego un mar bajo el poder del alba, | ||
| El sueño, ese pregusto de la muerte, | ||
| Las armas y el guerrero, monumentos, | ||
| Las dos caras de Jano que se ignoran, | ||
| Los laberintos de marfil que urden | ||
| Las piezas de ajedrez en el tablero, | ||
| La roja mano de Macbeth que puede | ||
| Ensangrentar los mares, la secreta | ||
| Labor de los relojes en la sombra, | ||
| Un incesante espejo que se mira | ||
| En otro espejo y nadie para verlos, | ||
| Láminas en acero, letra gótica, | ||
| Una barra de azufre en un armario, | ||
| Pesadas campanadas del insomnio, | ||
| Auroras y ponientes y crepúsculos, | ||
| Ecos, resaca, arena, liquen, sueños, | ||
| Otra cosa no soy que esas imágenes | ||
| Que baraja el azar y nombra el tedio. | ||
| Con ellas, aunque ciego y quebrantado, | ||
| He de labrar el verso incorruptible | ||
| Y (es mi deber) salvarme. | ||
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En el segundo patio | |||
| la canilla periódica gotea, | ||||
| fatal como la muerte de César. | ||||
| Las dos son piezas de la trama que abarca | ||||
| el círculo sin principio ni fin, | ||||
| el ancla del fenicio, | ||||
| el primer lobo y el primer cordero, | ||||
| la fecha de mi muerte | ||||
| y el teorema perdido de Fermat. | ||||
| A esa trama de hierro | ||||
| los estoicos la pensaron de un fuego | ||||
| que muere y que renace como el Fénix. | ||||
| Es el gran árbol de las causas | ||||
| y de los ramificados efectos; | ||||
| en sus hojas están Roma y Caldea | ||||
| y lo que ven las caras de jano. | ||||
| El universo es uno de sus nombres. | ||||
| Nadie lo ha visto nunca | ||||
| y ningún hombre puede ver otra cosa. | ||||
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| Inferno, V, 129 | ||
| Dejan caer el libro, porque ya saben |
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| que son las personas del libro. | ||
| (Lo serán de otro, el máximo, | ||
| pero eso qué puede importarles.) | ||
| ahora son Paolo y Francesca, | ||
| no dos amigos que comparten | ||
| el saber de una fábula. | ||
| Se miran con incrédula maravilla. | ||
| Las manos no se tocan. | ||
| Han descubierto el único tesoro; | ||
| han encontrado al otro. | ||
| No traicionan a Malatesta, | ||
| porque la traición requiere un tercero | ||
| y sólo existen ellos dos en el mundo. | ||
| Son Paolo y Francesca | ||
| y también la reina y su amante | ||
| y todos los amantes que han sido | ||
| desde aquel Adán y su Eva | ||
| en el pasto del Paraíso. | ||
| Un libro, un sueño les revela | ||
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| en tierras de Bretaña. | ||
| Otro libro hará que los hombres, | ||
| Sueños también, los sueñen. | ||
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Será cuando la trompeta resuene, como escribe San Juan el Teólogo. | |
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Ha sido en 1757, según el testimonio de Swedenborg. |
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| Fue en Israel cuando la loba clavó en la cruz la carne de Cristo, pero no sólo entonces. | ||
| Ocurre en cada pulsación de tu sangre. | ||
| No hay un instante que no pueda ser el cráter del Infierno. | ||
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No hay un instante que no pueda ser el agua del Paraíso. |
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| No hay un instante que no esté cargado como un arma. | ||
| En cada instante puedes ser Caín o Siddharta, la máscara o el rostro. | ||
| En cada instante puede revelarte su amor Helena de Troya. | ||
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En cada instante el gallo puede haber cantado tres veces. |
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| En cada instante la clepsidra deja caer la última gota. | ||
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(de Los conjurados, 1985) |
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