Asterión XXI

Revista cultural

           

 

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DOSSIER MARÍA ELENA WALSH

                                                                 

por Patricia Calabrese

    

      
         María Elena Walsh (1930) es una reconocida figura de la cultura argentina. Ha escrito poemas, canciones, novelas, guiones de teatro y televisión dirigidos a público adulto e infantil. Su obra, traducida a varios idiomas, obtuvo importantes premios. Mantuvo una posición crítica frente a la dictadura; algunos de los artículos y ensayos breves que se refieren a esos “años de plomo” están reunidos en el libro Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes, colección de escritos inéditos o publicados entre 1947 y 1992, se trata de notas – desde la época de la revista El hogar hasta las más recientes del diario Clarín – que  constituyen una mirada crítica y una apasionada observación, teñida por un fino sentido del humor y la ironía, de temas sociales, culturales y políticos. Hacemos aquí una selección de poemas y canciones que recomendamos a nuestro lector ampliar.

   

Selección de Poemas

MÍNIMA

(Otoño imperdonable, 1947)

BALADA DEL TIEMPO PERDIDO

(Baladas con ángel, 1952)
OBJETOS EN SOLEDAD (Hecho a mano, 1965)
SOLICITUD DE EMPLEO (Hecho a mano, 1965)
ODA A LA BUROCRACIA (Hecho a mano, 1965)

SALA DE ESPERA

(Otros poemas, 1978-1994)
LOS EJECUTIVOS (Las canciones)
COMO LA CIGARRA   (Las canciones)

                 

               

         

MÍNIMA
               
   
Bajo la risa del verano
giraban mundos de colores.
Entonces era yo tan niña
que no sabía el nombre de las flores.
           
Recuerdo el pájaro atareado
y la faena de la araña
y el cielo diminuto que cabía
en mis pestañas.
            
Con la respiración del agua
y el riesgo de la arena
pasaba el tren de la mañana
junto a los grillos y las azucenas.
        
              Y mientras mi candor rondaba

                         

por las provincias de una caracola
  tañían su silencio enamorado
  el pez y la amapola.
      
 

(de Otoño imperdonable, 1947)

                               

   

  

BALADA DEL TIEMPO PERDIDO 

       Yo dormía, pero mi corazón velaba.

Cantares

     
       Como a sus vanas hojas

el tiempo me perdía.

Clavada a la madera de otro sueño
volaban sobre mí noches y días.
        

       Poblándome de una

nostalgia distraída

la tierra, el mar, me entraban en los ojos
y por ociosas lágrimas salían.
    
       Cuántos papeles ciegos
       en la tarde vacía.
Qué multitud de imágenes miradas
como a través de una mortal llovizna.
     
       Entorpecidas sombras
       en vez de manos mías,
de tanto enajenarse en los espejos,
todo lo que tocaban se moría.
     
       Memorias y esperanzas
       callaban su agonía:
un porfiado presente demoraba
siempre las mismas ramas amarillas.
    
       Qué tiempo sin sentido
       el que mi amor perdía.
Qué lamentable primavera inútil
haciendo en vano flores que se olvidan.
    
       Pero mi corazón
       velaba y no sabía.
Recuperada su pasión secreta
ahora enamorado resucita.
     
       Y el tiempo que hoy me guarda
       entre sus hojas vivas
es un tiempo feliz desde hace tantos
sueños que nacerán de la vigilia.
         

                (de Baladas con ángel, 1952)

                   

 

  

OBJETOS EN SOLEDAD
  
Entrar en una casa, comer frío.
La ternura dejó sus zapatillas
debajo de una sombra. Desconfío
del sigilo de lámparas y sillas
y de algunas conductas amarillas.
        
Lo que se queda quieto alarma, duele,
comete pánico, derrama el canto.
No hay estadística que no revele
tijeras en la fila del espanto,
un alfiler que se parece al llanto.
    
No habrá quien traiga párpados de afuera,
solapas, humo, señas ateridas.
  Un ruido de rincones desespera
  y solamente muebles homicidas
  dicen preparativos, despedidas.
       
  Uno gana modales de sospecha,
  envejece de tanto desconcierto.
  No hay más remedio que una flor deshecha,
  que vigilar un cigarrillo muerto.
  sociedad bien anónima, por cierto.
       
  Y lo peor es que la almohada acosa
  con inminencia lúcida. Dormir
  tiene una ambigüedad tan peligrosa
  que en tales noches nunca hay que decir:
  de esta desolación no he de morir.
          

                        (de Hecho a mano, 1965)

       

    

SOLICITUD DE EMPLEO
     
He militado largamente
en oscurísimos recintos
de donde traigo una batalla
que no se termina nunca.
Estoy en guerra casi todo el tiempo
y espero que me gane una paloma.
        
La verdad es que también sirvo
para desordenarlo todo.
Con qué cuidado precipito
planillas en la primavera,
y alterando sensatos equilibrios
me dan lo mismo números que grillos.
       
No faltaría a la modestia
si dijera que siempre estuve
muy dotada para el olvido.
Guardo volúmenes de ausencia,  
antologías de temblor marchito,  
catálogos de dudas y neblinas.  
          
He trabajado anteriormente  
en invisibles oficinas  
llenas de crisis apiladas  
y documentos vegetales,  
donde los pájaros me habilitaron  
con un diploma de mirarlos siempre.  
      
Diré también para abreviar  
que estudio lágrimas modernas  
y pienso publicar un libro  
de suspiros cuando me muera,  
y que tengo por todo patrimonio  
un montón de relámpago vigente.  
      
Todos estos antecedentes  
animan a solicitar  
que me permitas ocuparme
en derrumbar sobre tus manos
la dulzura que pongo inútilmente
sobre manteles de confiterías.
        
Quiero por fin tener empleo
de suavísima permanencia
adentro de tu corazón,
coser con lágrimas y arrimo
toda fatalidad que te amenace  
con botones caídos o desgracias.  
          
Quiero servirte de costumbre  
y que utilices lo que soy  
para fundar una sonrisa  
o ceremonias con pañuelos,  
o para siempre, o para lo que quieras,  
desde un copo de nieve hasta el amor.  
      

(de Hecho a mano, 1965)

 

      

     

ODA A LA BUROCRACIA

              

Monstruo de las legales delincuencias,
yo te venero con papel sellado.
Solicito tu lágrima de lacre,
llorar de otrosí digo en antesalas,
enloquecerme el 8 del corriente,
pensar en tu rocío de estampillas.
       
Pisas un alba de cafés con puchos,
de primavera decretada. Tienes
sobrinos calvos, guardapolvos grises,
peluca consular, risa de fieltro,
un gusto a secretaria amortiguada
y la encuadernación de la agonía.
        
Amo tus Direcciones Nacionales,
tu tímida Inspección, tus Ministerios,
la palidez de tus escribanías,
  la flora de subjefes, el otoño
  de tinta muerta que traspiras, todo
  lo que sucede al pie del expediente.
       
 

Acoges a los pobres en la seria

  sombra de tus primeras providencias.
  Con alta estima y consideración
  los petrificas en tus corredores
  con el objeto de acordarles una
  interminable cara de escarmiento.
      
Siempre nos faltará un certificado
para morir, para cobrar el cielo.
Nunca podremos ver gratuitamente
la cédula de identidad de Dios
ni hallar sin tu magnánimo permiso
nuestros legajos en el Purgatorio.
        
Monstruo oficial, la que suscribe anhela
descender a un infierno taquigráfico,
desmelenarse sobre tus rodillas,
  legalizar un verde aburrimiento,
  impetrar tus puntuales almanaques
  y la fatalidad de tus teléfonos.
        
  Y que un día le otorgues el delirio,
  la fichada emoción de tus archivos,
  que la autorices a obtener un alma,
  a comprobar su número de cuerpo,
  a pudrirse a tus pies debidamente
  desinfectada por la policía.
  

(de Hecho a mano, 1965)

     

   

SALA DE ESPERA
      
Todo esto que contemplo amargamente
es procesión por dentro. Bien quisiera
llevar la cruz colgada por afuera
para llamarle la atención a gente
pero es íntima y no soy transparente.
      
Por otra parte, en la sala de espera
no nace nadie. Silenciosa mente
la mía sola distraída ausente
hojea alguna vieja primavera
que no se ve pero se siente
y dolería si pudiera.
        
Que pase el tiempo mientras vacilo
nunca supe qué hacer, sumando cero
encuentro el laberinto y pierdo el hilo.
    
Sólo me importan las palabras pero
como manan con sangre las destilo
y de tanto callármelas me muero.  
La mano viene así, no sé qué quiero
pero ya ven qué estilo,
cuánto esmero.  
Toquen un tango mientras desfilo  
hacia la muerte en cueros, con sombrero.  
      

(de Otros poemas, 1978-1994)

 

    

  

LOS EJECUTIVOS

            
  
El mundo nunca ha sido para todo el mundo
mas hoy al parecer es de un señor
que en una escalerita de aeropuerto
cultiva un maletín pero ninguna flor.
Sonriente y afeitado para siempre
trajina para darnos la ilusión
de un cielo en tecnicolor donde muy poquitos
aprendan a jugar al golf.
         
Ay qué vivos
son los ejecutivos,
  qué vivos que son.
  Del sillón al avión
  del avión al salón
  del harén al edén
  siempre tienen razón
  y además tienen la sartén,
  la sartén por el mango
  y el mango también.
       
  El mundo siempre fue de los que están arriba
  pero hoy es de un señor en ascensor
  a quien podemos ver en las revistas
  cortando el bacalao con aire triunfador.
  Lo come para darnos el ejemplo
  de rendimiento máximo y confort.
  Digiere por teléfono y después nos vende
  conciencias puras de robots.
      
  El mundo siempre fue de algunos elegidos
  hoy es para el que elige lo mejor
  dinámico y rodeado de azafatas
  sacrificándose por un millón o dos.
  Como él tiene todo menos tiempo
  nos aconseja por televisión
  ahorrar, para tener status en la muerte,
  la  eternidad en un reloj.
     

(de Las canciones)

  

COMO LA CIGARRA

              
Tantas veces me mataron
tantas veces me morí
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal
y seguí cantando.
        
Tantas veces me borraron
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez
y volví cantando.
            
  Tantas veces te mataron,
  tantas resucitarás
  tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
         
Cantando al sol como la cigarra
  después de un año bajo la tierra,
  igual que sobreviviente
  que vuelve de la guerra.
  

(de Las canciones)

  

   

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