Asterión XXI

Revista cultural

           

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TAXONOMÍA (1)

 

por Adriano Brachetto (2)

               

"Las mujeres son iguales a ... las mujeres y a las ..."

Folio IV, página 63

Estudio Comparativo entre organismos inter-reproductivos

Magister Dr. Bernardus

 

  La cuestión que nos anima a emprender estas páginas, como primera divulgación de un tema que solicita un texto de mayor envergadura, es una cuestión de orden, en este caso relativo al sistema de nomenclatura que hemos aceptado para todos los organismos vivos.

  Dentro del orden primates nosotros sabemos que pertenecemos a la familia hominidae y al género homo, y dentro de este género a la especie sapiens.

  Los antiguos tuvieron una intuición notable para sus días, pero, al no poder ser demostrada, esta intuición con los siglos perdió vigencia y al fin fue aplastada por prejuicios propios de una época oscura, donde una sensibilidad falsa y la suma de irrisorias ideas acerca de la igualdad destruyeron conquistas de la humanidad, aboliendo legítimos derechos. Eso es el pasado. Ahora se ha abierto una nueva era. La ciencia con sólo alterar unas pocas palabras y términos ha sido capaz de aclarar una cuestión fundamental a la organización de nuestras sociedades y su desarrollo. La mujer, ese ser bello, frágil y sencillo, participa de lo humano en la dosis justa a los fines de la consecución de la especie.

  Sé que esto que esbozo va a ser mal visto por muchas mentes perturbadas que se han entregado a slogans y al juego de las apariencias; algunos lo hacen por comodidad, otros para aprovecharse de su posición, pero siempre la mayoría obra por cobardía. Ahora es el momento en el que el valor debe preponderar por encima de toda utilidad y ventaja. Cuando Plinio el Viejo en los comienzos de la era Cristiana escribió su Historia Natural y más tarde, en el siglo XVIII, Carolus Linnaeus desarrolló el sistema binominal para designar a las especies de organismos y estableció las principales categorías que se usan en el sistema jerárquico, entre ambos colocaron las piedras fundamentales en la arquitectura de uno de los principales errores con enormes consecuencias en la historia de la biología y de las ciencias en general.

  En verdad, corresponde hablar de sub-especies cuando nos referimos a lo humano. Así como hasta ahora diferenciábamos al homo sapiens sapiens del arcaico y del neanderthalensis, llegó el momento de separar del sapiens sapiens a la femina. Su importancia radica en ser la matriz sagrada que sirve a los fines de nuestra supervivencia, siendo además obstáculo fundamental para la especiación. Desde los primeros días ella tiene la función de mantener un equilibrio en la especie relativamente estable. Una primera Eva que por más que se multiplique no pierde su esencia. Si me permiten la metáfora, es a nosotros –a nuestra especie- como el código genético a todos los seres vivos: determina la unidad fundamental.

  Los seres humanos creemos en las palabras y después recién en la realidad que nos rodea. Si nuestras palabras reflejan la verdad, esa verdad será mucho más cierta; si nuestro lenguaje queda preso de juicios falsos, soliscimos y sofismas, el camino al conocimiento será aún más arduo que cuando comenzamos a gatear, habrá que barrer con lo antiguo que como un velo ciega nuestros ojos y luego aprender y comenzar a usar el nuevo idioma, saboreando cada letra, cada vocal, cada consonante. Manejar esa lengua con la plasticidad y confianza con la que el pez surca los ríos y la vida se adentra en el mar, es la mayor fortuna a la que puede aspirar un hombre.

  No se puede aceptar que habite en ellas algo de lo que definimos como res cogitans sino por accidente y gracias al vínculo que la femina guarda con el homo. Y al no ser correcto pensar la cuestión con un criterio dualista y calificar a la femina en esencia como res mecanica, nos hemos visto obligados a embarcarnos en el proyecto que nos atañe para llevar luz al problema.

  Siempre hay que saber valorar de este suave animal que permanece a nuestro lado desde las primeras mañanas del mundo ("Lo hizo a él, y de él extrajo la naturaleza de ella" Origen 3:1) su principal don: la intuición, y no subestimar jamás su astucia ("Persuadió con su boca el corazón del hombre; serpiente que por la tierra se arrastra" Origen 6:8).

  En los campos que están al oeste del gran río hemos podido construir en secreto galerías subterráneas donde el Centro de Experimentación ha logrado recabar datos y sumar observaciones. De las hipótesis iniciales que teníamos, siguiendo un orden que ningún científico ajeno a nuestras Escuela puede discutir, hemos arriba a certezas empíricas que se suman a verdades alcanzadas por la vía especulativa. Las experiencias y observaciones que acumulamos a lo largo de los quince años que duró el proyecto Femina son de un número tal que a nuestra mente se le presenta cercano al infinito.

  Comentaremos aquí algunas generalidades, alguna nota de color, pero, todo ese material al que nos referimos se encuentra en los Anales al alcance de los miembros de la Orden. Está de más decir que hemos seguido los consejos y recomendaciones de nuestro ilustre Magister Francis Bacon en la confección y uso de las tablas o registros, usando a su vez los métodos de prueba de inducción del profano Mill cuando era necesario.

  Los procesos mentales de las hembras no alcanzan el estado de pensamiento salvo en algún espécimen mutante que, según pudimos apreciar en observaciones de laboratorio, se va cubriendo de pelos con el paso de los años, llegando en algunos casos a no diferenciarse del homo sapiens sapiens en el tono de su voz ni en la manera de cruzar las piernas.

  Si se las deja solas -en lo que puede ser un cuarto oscuro- se pasan las horas llorando desconsoladamente, confundiendo a veces el llanto con la risa, en especial luego del cuarto día. Siempre sin saber por qué actúan de esta manera irracional. Algo semejante, pero, en sentido inverso sucede si se las reúne con otra hembra. Al comienzo parecen alegres y cuando menos se lo espera se largan a lloriquear. Aunque después les volvamos a prender la luz.

  No es clara la conducta de las féminas con respecto a los alimentos. Hemos observado que se pasan horas y hasta días constriñendo sus apetitos, hasta que en un santiamén se lanzan a devorar todo lo que está a su alcance. Hay que señalar que con sus crias no se han detectado casos de antropofagia, aunque entre ellas, en situaciones límites, ha sucedido y que después de esto se las ve en paz, con una apariencia semejante a la que muestran las hembras después de haber gozado.

  En el transcurso del mes, cuando son afectadas por impurezas, dado el influjo que ejerce sobre ellas la luna y su ciclo, no hacen otra cosa que adormecerse, lamentarse por dolores internos y padecer calores por todo el cuerpo, seguidos por temblores que las dejan aún más agotadas. Esto que era bien sabido, ahora lo tenemos documentado por prácticas que hemos podido realizar sobre ellas y que a ojos del mundo no están bien vistas. Lamentamos haber perdido dos especimenes y que otras tres de ellas hayan quedado inutilizadas, al borde de la demencia. Pero, el avance del conocimiento científico no debe demorarse.

  Sabemos, y no es poco el orgullo que nos gana, que al darle una definitiva y precisa categoría taxonómica a la femina, hemos hecho más que crear una categoría, hemos creado un ser al que desde hoy le corresponderán derechos y obligaciones propios a su naturaleza, no postulados por la fuerza de las supersticiones que generó la sociedad cuando perdió el camino. La femina insipiens (o femina intuens o femina perspiciens, como prefiere denominarla nuestro Quinto Hermano, el Dr. Phoebius) ocupará su lugar. En un inicio eso será difícil de aceptar, traerá convulsiones, pero con el transcurso de los meses nuestra esperanza es que al ser valorada por primera vez en la historia por lo que realmente es, ella sabrá apreciar los beneficios y su temperamento, en esencia caprichoso y volátil, se acomodará benéficamente a las nuevas circunstancias. Hecha para el placer, se ocupará de los quehaceres de la casa, se moverá dentro del sector circunscripto por el homo al que esté a cargo; realidades que aceptará favorablemente, agradeciendo por su buen destino a los fundamentos de la civilización que está por nacer y al culto solar, en el que tendrá una participación limitada como sacerdotisa segunda a un lado del hombre. En conclusión: su existencia estará privilegiada por encima de la de nuestro mejor amigo.

  Para otra comunicación dejo las consideraciones de un problema que nos está preocupando mucho últimamente y entendemos íntimamente relacionado a éste: percibimos con cierto horror que se va haciendo habitual en los machos jóvenes un enfermizo afán por asemejarse a las hembras, dándose en ellas un comportamiento inverso. Esto se nos presenta -no podemos mezquinar palabras- obra del demonio.

 

 

(1)                    Cuento extraído del volumen: La Ciencia Ficción en Italia después de Stanislaw Lem, (La Fantazcienza in Italia dopo Stanislaw Lem); Averno Editores, Milán, Italia, 2001. Traducción Héctor Alvarez Castillo. 

(2)                    Adriano Brachetto: email adrianobrachetto@yahoo.it

 

 

  

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