Asterión XXI

Revista cultural

           

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EN TORNO A LA LENGUA Y LITERATURA ASTURIANA

Homenaje para el XXIV Día de las letras asturianas

2 de mayo de 2003)·

   

de Diego Ribeira

Antón Marirreguera

  
“Mi gloria no consiste en no haber caído nunca,

sino en haberme levantado siempre.”

Napoleón

   

   Antigua como la España de los moros, la lengua asturiana es uno de los fenómenos lingüísticos más sorprendentes de la península, prueba irrecusable de la tenacidad con que un pueblo no se ha resignado jamás a romper con sus orígenes culturales.

Para este grupo de hombres septentrionales, habitantes estoicos en el clima hostil de la Cantabria, los siglos de ocupación infiel, la hegemonía castellana y hasta la represión franquista, fueron apenas intervalos dolorosos que retrasaron, no empobrecieron, el desarrollo de una lengua vigorosa. Cuando finalmente pudieron recuperarla, lo hicieron con esmero y voluntad; legitimaron, pues, el ardor con que sus hablantes defendieron durante generaciones a este fénix que es la lengua asturiana. 

Desde el temprano período prerromano, la filología destaca ya dos grupos diferenciados de habitantes en la península ibérica: el mediterráneo y el cántabro pirenaico. He aquí la división esencial, la primera manifestación de un conflicto insoluble hasta nuestros días. A partir de entonces, ni la más férrea necesidad de unión ha hecho que los pueblos del norte, los de la montaña: los catalanes, los vascos, los gallegos, los asturianos, pudieran admitir en forma completa la colonización lingüística de ningún pueblo.

De pronto, la lengua asturiana se vio ante un coloso que parecía adaptarse a los cambios del romance con una flexibilidad inusitada: el castellano. Más todavía, los asturhablantes miraron hacia el pasado, hacia la cultura visigótica, cuya reencarnación ellos mismos pretendían ser. Entonces el castellano evolucionó y pronto, dada una situación política propicia, se transformó en la lengua oficial de la península. Por su parte, aunque hasta el siglo XIV existió abundante documentación en romance asturiano, con la irrupción del castellano, aquella lengua quedó relegada al ámbito siempre vulnerable de la oralidad.

La Iglesia, además, dio un impulso definitivo al avance del castellano. Ya decía Carlos V que, en las conversaciones con Dios, no había lengua más apropiada que el castellano. Así todo, los eclesiásticos de Asturias no se resignaron a olvidar la edición de catecismos en el romance de su pueblo, y así es que aún hoy se conserva abundante documentación de esas remotas fatigas.

Más tarde, hacia el siglo XVII, las circunstancias culturales que trae el Barroco hacen posible las primeras manifestaciones de la literatura en Asturias. En la península, la multiplicidad de formas literarias parecen converger hacia dos centros de principal gravedad: el culteranismo y el conceptismo. La actividad literaria desarrolla en este siglo lo más trascendente de las letras hispánicas, conformándose lo que más tarde se reconocería como el Siglo de oro español. La prosperidad se extendió, por supuesto, en toda la península; del Barroco literario asturiano data, precisamente, la obra del primer clásico de la literatura asturiana.

Su verdadero nombre fue Antonio González Reguera, pero, acaso por la influencia del nombre materno, María González Reguera, se conoció comúnmente, y así trascendió, como Antón Marirreguera. Se sabe que su pueblo natal fue Carreño y que su nacimiento se llevó a cabo en una parroquia; no es concreto, sin embargo, su fecha, pero se estima que ha sido durante los primeros años del siglo XVII (1605?). Si la Iglesia fue el sitio que lo vio nacer, también sería la Iglesia el lugar en donde pasara el resto de sus días. Poco después de terminar sus estudios de humanidades en la Universidad de Oviedo, se inclinó por la carrera eclesiástica para convertirse, en 1634, en párroco de Prendes, también en Cerreño. Años más tarde, en 1645, pasa a otra parroquia del mismo pueblo, Albandi, donde permanecerá hasta su muerte, hacia 1662 aproximadamente.

Aunque privilegio de pocos, Antón fue estimado y celebrado en vida por su obra. Ya desde los años de la Universidad era valorado su ingenio y virtud literaria. Es sabido, sin embargo, que Antón mandó quemar gran parte de su obra antes de morir, bajo la sentencia: “Nun se diga qu un cura s´entretuvo nestes coses”. La orden fue respetada y su obra conservada sería sólo una ínfima parte del total. De ésta, se destaca la inclinación del párroco hacia temas de la mitología clásica, identificable en sus fábulas Dido y Eneas, y Hero y Lleandro. Quedan también los entremeses L´ensalmador, L´alcalde y Los alcaldes; y también los romances Diálogu politicu y Pleitu ente Uviéu y Mérida pola posesión de les cenices de Santolalla. Éste último fue ganador en 1639 en un importante certamen literario realizado en Oviedo, con motivo del nombramiento de Santa Olaya como patrona de la diócesis. Se trata, justamente, de uno de los primeros textos escritos conocidos de la literatura asturiana, y se reproduce a continuación: 

Pleitu ente Uviéu y Mérida pola posesión

e les cenices de Santolalla

   
Cuandu examen les abeyes
y posen de flor en flor,
si les escorren s'espanten:
vanse y nun facen llabor,
dexando'l caxellu vieyu
pa buscar otru meyor.
Santa Olaya fo l'abeya
que de Mérida ensamó.
enfadada qu'adorasen
les fegures de llatón.
Entoncies el rei Don Sil
andaba en guerra feroz
colos moros que querín
encabezase en Lleón.
Permitiólo aquesta Santa
que les vitories-y dio,
matanza ficiendo nellos
fasta que'n Mérida entró.
Llegó al pueblu d'esta ñeña
que tremaba de pavor,
y esconfiaba del so cutre
sollibiada de temor.
Cutieron los santos güesos
viendo que s'arrodiyó:
Si estovieren más carnúos
saldrín fe-y acatación.
Trúxolos el rei piadosu,
de llaceria los sacó,
y metiólos per Uvieu,
con gaites y procesión.
Mérida diz que-y tornen
esta prenda que-y faltó.
Diga ella que quier dise,
y aún con eso quiera Dios.
Si quieren que la llarguemos,
páguenmos la devoción
ansí de los que finaron
como de los que ora son.
Díguenlu al Santu Sudariu
ver quiciás si da razón,
pos non tien otru cuidáu
el Sr.San Salvador.
¿Quián ora-y lo mandará?
Bien s'echa de ver que nos:
si nos lleven esta santa
non hai mas qu'arrimar la foz.
Dirán ellos: morrió acá;
diremos nos: non morrió,
que está viva pa Asturies,
si está muerta pa vos.
Y anque la lleven m'obligo
que se torne per ú fo
porque dexa conocíos
y gran comunicación.
Si por amor d'esta Santa
Estremadura llibróo,
el Prencipáu herederu
pue dir tomar posesión.
Ella está mui bien acá.
L'otro vaya per ú fo,
porque están del nuestru llau
l'obispu y gobernador.
Nosotros los del capote,
cual con un ral, cual con dos,
seguiremos esti pleitu
fasta llevalu ante Dios.

 

A pesar de su popularidad, la obra de Marirreguera sólo fue conocida en forma manuscrita durante su vida, e incluso de manera oral. Sólo mucho después de su muerte se publicaron sus composiciones. Hubo primeras publicaciones hacia fines del siglo XVIII, y principalmente se cuenta la de Carlos González de Posadas en 1794, en su libro Memorias históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo. Pero la primera edición de su obra se debe a Xosé Caveda y Nava, que publicó en 1839 su obra en Colección de poesías en dialecto asturiano. Esta tendencia de difundir la literatura asturiana se conservó posteriormente; la última edición es de 1997 y es responsabilidad de Fermín Canella, que incluyó toda la obra de Marirreguera en el libro Fábules, teatru y romances.

Los siglos posteriores reforzarán la labor de este primer exponente y, sin caer en la injusticia, de otros que también influyeron en el avance de la literatura asturiana y que datan de la misma época de Marirreguera, como Francisco Bernardo de Quirós. Su obra también mantiene la línea barroca de Marirreguera y se manifiesta en poemas como El Caballu.

Ya en siglo XVIII se observan varias vertientes literarias. Está por una parte la tendencia reformista en manos de Xosefa Xovellanos y Bruno Fernández Cepeda; y la conservadora, cuyo principal representante fue Antonio Balvidares Argüelles.

Durante el siglo XIX, el Romanticismo brinda el terreno fértil para el cultivo de los temas tradicionales, autóctonos. Más que en otros períodos, los pueblos asisten a la definitiva nominación de una idiosincrasia cultural por medio de la palabra. Un autor representativo de este período fue el ya citado Xosé Caveda y Nava, que tomó principalmente la vida pastoril como tema fundamental de su obra, de la que puede citarse La vida de l´aldea. Otro poeta, Xuan María Acebal y Gutiérrez también reconstruye con descripciones el paisaje rural de Asturias, en obras como La Fonte de Fascura o Reffuggium peccatorum.

Pero cuando estos logros parecían afianzar poco a poco los caracteres del asturiano, el siglo XX trajo consigo la etapa acaso más nefasta para su desarrollo lingüístico. A diferencia de Cataluña o el País Vasco, la burguesía asturiana pareció abandonar a la suerte el futuro de su lengua. Tal vez sea necesario agregar que, tras la Guerra Civil, los habitantes fueron obligados a hablar el castellano, dejando la lengua de origen como pequeños reductos del terreno rural.

De los primeros treinta años del siglo XX se destaca principalmente el Teatru Rexonal Asturianu y de la Naturaleza, abundante en escenas costumbristas y de visos melodramáticos, y que tendrá a Emilio Robles Muñiz como su principal autor. Los años siguientes se caracterizarán por un paulatino empobrecimiento de la actividad literaria. Lo más significativo surge de autores como Lorenzo Novo Mier, que no sólo escribió cuentos y poesías, sino también un diccionario de la lengua asturiana. Éste y otros autores como Constantino Cabal (L´alborá de los malvises) o Matías Conde (Sol en los pomares), serán un momento de transición entre una literatura en decadencia y un fortalecimiento que nacería con optimismo de una nueva etapa histórica. 

Sólo tras la caída del régimen franquista y la consecuente restitución de la democracia, comienza a manifestarse una sólida necesidad de recuperación de la lengua. Ejemplo de esto es la fundación en 1974 de Conceyu Bable, una asociación lingüística que defendió, promovió y difundió, mediante publicaciones, concursos y eventos literarios, la importancia que significaría para los asturhablantes la normalización de su lengua. Las consecuencias de semejante proceso de concientización fueron exitosas. El resultado más destacable fue la creación, en 1980, de la Academia de la Llingua Asturiana. Desde entonces, el vigor con que esta institución llevó a cabo la tarea de normativización de la lengua es, sin dudad, notable. Finalmente, los intensos esfuerzos dieron a luz una Gramática de la Llingua Asturiana; en el 2000, por último, se publica el Diccionariu de la Llingua Asturiana. El asturiano, por lo tanto, queda normalizado. La tarea siguió dando sus frutos: actualmente, los Colegios primarios tienen el asturiano como lengua obligatoria; en el secundario, como segunda lengua optativa. Entre 1994 y 1995, además, la Universidad de Oviedo empezó a ofertar el título de Experto y Especialista en Filología Asturiana.

En literatura, el tema nunca ha olvidado las raíces tradicionales y míticas del pueblo, que ha sido expuesto sobre todo en la obra poética Esbilla (1980) de Felipe Prieto; o en la de Roberto González Quevedo, en obras como Poesías ya cuentus (1980), Poesías ya hestorias (1980), y Xeitus (1985). En narrativa, por su parte, la actualidad del Premio “Xosefa Xovellanos” ha dado numerosas obras a la imprenta, tanto de cuentos como de novelas; entre éstas, a obras de aventuras, de ciencia ficción y experimentales. En la década del noventa, como consecuencia de una rotunda pérdida de valores morales en la sociedad,  narradores como Xosé Nel Riesgo, Nel Amado y Adolfo Camilo se valdrán del estilo directo y sencillo para ilustrar los pormenores de la marginalidad y el mundo de las drogas.  

Según estudios actuales, no parece precisa la estimación en cuanto al número de hablantes del asturiano; sea porque la mayoría de ellos utilizan a su vez el castellano en su comunicación, sea porque muchos ocultan, curiosamente, su dialecto autóctono. Así todo, es estimable una cantidad de un millón de asturhablantes, que representaría entre un tercio y la mitad de la cantidad de habitantes de Asturias.

Ahora, quizá cobre verdadero sentido el epígrafe con que comenzamos esta breve reseña de la lengua y la literatura asturiana. Se trata de una entidad a la que circunstancias históricas y culturales se han encargado de oponer obstáculos diversos y peligrosos. De todas maneras, el asturiano se ha levantado con mayor fortaleza de esos embistes, y ha demostrado, en cada instancia, aprender de sus etapas de letargo. Esa es la gloria de Asturias: haberse levantado luego de la caída, haber confiado en los orígenes, haberse apoyado en los siglos que construyeron los antepasados, para emprender entonces un nuevo camino, para crear una y otra vez ese camino.

Actualmente, Asturias también cuenta con la música para definir aún más sus contornos culturales. Uno de sus más dignos representantes toca la gaita asturiana y su nombre es José Ángel Hevia Velasco. Este hombre, además, es capaz de llenar con palabras cada una de sus composiciones de manera magistral, como un poeta. En la introducción a su disco Al otru llau, Hevia Velasco describe esta hermosa imagen: 

   “Dende l´aniciu de los tiempos los homes y les muyeres naguamos por tal al otru llau. L´aprendiz quier ser maestru, el maestru oficial y l´oficial espatuxa pol ascensu...

Avieyamos escucando per enriba la muria, asistiando al de l´otru llau y esmoleciéndonos de mil maneras por atopar un reguexin, por furar una bolesa que nos permita cruciar.

Cada vez conozco más vieyos que caminen casi de mediu llau. De xuru el pasu del cámbaru ye taimen el del sabiu, que non solo mira al otru llau, sinon taimen va disfrutando del camin que tien dexau atrás.”

 

     Pienso que la sabia Asturias es una encarnación del sabio paso del cangrejo. Como él, también este pueblo camina de costado, para mirar atrás la obra de los antepasados, en el origen, en el nacimiento; pero avanzando, siempre avanzando.

 

Bibliografía:

 

Quevedo González, Roberto, Antropología social y cultural de Asturias, cap. XI, Madú, 2002.

Lapesa, Rafael: Historia de la lengua española, Madrid, Escelicer, 1955.

Ramos Corrada, Miguel, La lliteratura asturiana: pasáu y presente, estudio presentado en el “Encuentro Lenguas y Culturas”, celebrado en Oviedo, del 3 al 5 de mayo de 2001.


· Agradezco la solidaridad de Liliana Gallardo, argentina de visita en Asturias, y quien me proveyó valiosísimo material sobre la cultura asturiana, más otras informaciones que aportaron interesantes datos para la realización de este trabajo.

 

 

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