Asterión XXI

Revista cultural

           

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LATINES EN LOS MARES DEL SUR Y EN OTROS LADOS

por Raúl Lavalle

      W. Somerset Maugham
  

 

       No sé si actualmente es muy leído W. Somerset Maugham. Mi impresión es que no, al menos fuera del mundo anglosajón. En otros tiempos El filo de la navaja era una obra muy conocida. Me cuento entre los cultores del escritor inglés, aunque muy poco he leído de él en lengua original. En Buenos Aires he comprado –siempre en librerías de segunda mano– varios de sus títulos. Fruto de esos desembolsos es El archipiélago de las sirenas (The narrow corner), que me costó unos veinticinco centavos (moneda de los Estados Unidos). La traducción es de Julio Vacarezza[1] (el mismo, si no me equivoco, que tradujo del inglés varios libros de El Príncipe Valiente, de Harold Foster, adaptado por  Max Trell[2]). Me permito distraer el valioso tiempo de quien se asome a estas páginas, para proponer un tema: la presencia del mundo antiguo en esta extraordinaria novela. Añadiremos luego algunos textos de otros autores; en esos pasajes se ve la fuerza de la educación clásica.

***

       El protagonista es el doctor Saunders, un médico que llevaba bastante tiempo viviendo entre los chinos y se había impuesto de esa cultura milenaria. Conoce a un marino que era un verdadero bribón. El capitán Nichols –tal su nombre– no carecía sin embargo de pericia en navegación. Cierta vez afrontaban una terrible tormenta en el mar, a bordo de un barco no muy fuerte. El médico sintió miedo, pero fue muy correcto al dirigirse a Nichols:

 

Recuerde que lleva usted a César y su fortuna –gritó al oído del capitán.

Pero Nichols, que no había tenido una educación clásica, no comprendió la broma. “Si muero, paciencia”, reflexionó el doctor, y decidió pasar lo mejor posible esas horas que podían ser las últimas de su vida. (pp. 72-73)

 

       Como se ve, Saunders afrontaba la muerte con cierto estoicismo práctico. Lo curioso es que leemos un poco más abajo (esta vez el que habla es el narrador) que el capitán era “Caronte vestido con un traje de lona impermeable.” (p. 73)

 

       En De viris illustribus, Charles-François Lhomond (1727-1794) relata cómo César partió desde Brindisi a Dirraquio. El mar estaba muy peligroso y el piloto de la nave no quería ir mar adentro. El dictador: “Quid times? Ait: Caesarem vehis.”[3]  No sé si Somerset Maugham recordaba mal la anécdota o siguió otra fuente. Lo que importa es que un inglés, a pesar de haber vivido mucho entre los chinos, no olvidaba los latines de escuela. Por otra parte, la navegación de Saunders llegó a puerto; de modo que el capitán tenía más de Tifis que de Caronte.

 

       Hay otras referencias clásicas, pero sin duda menos importantes. Por ejemplo, uno de los personajes está enamorado de una hermosa muchacha: “Empero, cuando recordaba sus perfecciones, mucho más que una mente sana en un cuerpo sano, el alma sutil y sensitiva que se avenía tan bien con su adorable cuerpo, sentíase abyecto y humilde” (pp. 144-145). Quienes leen a los clásicos saben que este es un ejemplo más de cita tomada con otro sentido. En efecto, Juvenal dijo:

             Orandum est ut sit mens sana in corpore sano.[4]

       No es que el hexámetro del gran satírico recomendara hacer gimnasia, sino algo más general: debemos pedir a los dioses sobre todo que nos den buena salud de alma y cuerpo, el más preciado bien (una versión antigua de las tres cosas que hay en la vida).

       En otra parte, el padre de la muchacha que mencionábamos antes llevaba varios años traduciendo al inglés Os Lusíadas de Camões:

 

       No debes trabajar demasiado, papá.

       Tempus fugit –murmuró Frith. Ars longa, vita brevis. (p. 185)

 

       Además del lugar común virgiliano (fugit irreparabile tempus[5]), muchos lectores cultos reconocen el célebre aforismo hipocrático, en este caso aplicado a una medicina del alma, la realización de alguna tarea importante:

 

       Cada generación debe volver a traducir las obras maestras del

       Mundo para mejor comprensión de su época. Mi objeto es no

       sólo brindar el sentido del poema, sino también conservar el ritmo

       y la música y la cualidad lírica del original. (p. 111)

 

***

 

      Agatha Christie es muy leída hoy, incluso por los jóvenes. Pero veamos nada más un ejemplo. En Intriga en Bagdad[6] un arqueólogo llamado Baker está en la sala de espera del Consulado Inglés en esa ciudad. Había otras personas sentadas allí, pero un tal Carmichael, agente británico, está vestido como árabe. Quería advertir a Baker de cierto peligro inminente y, para no despertar sospechas, con el tintineo de las cuentas de un rosario árabe le dice un mensaje en código Morse: “MOCHUELO. F-L-O-R-E-A-T-E-T-O-N-A” (p. 51). Baker puede descifrarlo, pues ambos habían sido compañeros de colegio. El apodo de Carmichael era Mochuelo. En cuanto a Floreat Etona, se trata del motto de Eton: ‘Que Eton florezca.! Es curioso que el latín se use para esto, pero puede servirme para anudar una conclusión.

Agatha Christie tomando el té en Bagdad

 
   

 

En efecto, en otras épocas el latín formaba parte importante de la educación de base. Por eso ante distintas situaciones de la vida (las que hay aquí son de la ficción, pero en la realidad seguramente hubo otras semejantes) surgía el recuerdo de la venerable lengua, aprendida no pocas veces con blood, sweat and tears.

 


 

[1] Buenos Aires, Acme Agency, 1945 (“tercera edición: junio, año del Libertador Gral. San Martín, 1950). El libro fue impreso en la Compañía General Fabril Financiera. Estos datos, quizás necios, podrán interesar a alguien con el defecto de la nostalgia.

[2] También publicados por la editorial Acme.

[3] “César”, 6.

[4] 10, 356: ‘Hay que pedir que tengamos un cuerpo sano en una mente sana.’

[5] Geórgicas 3, 284.

[6] They came to Bagdad. Tengo la ed. española de Editorial Molino (Barcelona, 1965).

 

    

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