Asterión XXI

Revista cultural

           

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¿ES POSIBLE UNA TEORÍA POSTMODERNA

SOBRE EL AMOR?

A propósito de Esther Díaz

y ciertos decires sobre el amor

          

por el Lic. Alejandro Miroli

   

§1.En un reciente reportaje[1], la Dra. Esther Díaz sostiene algunas tesis sobre el amor y la sexualidad, que; aunque no se exponen en un medio académico, ni su fin fue -al hacer esas declaraciones- proveer deliberadamente de una teoría filosófica, entendidas en forma literal ofrecen un conjunto de Ideas que revisan de manera radical la naturaleza del vínculo amoroso y la relación que éste tiene con la sexualidad[2], y precisamente esta radicalidad, hace que valga la pena emprender un escrutinio crítico de tales tesis, con independencia del medio y de las intenciones que haya tenido la autora cuando las formuló examinándolas como fragmento de una teoría filosófica[3] sobre el amor. Para ello podemos comenzar a examinar las tesis que propone:

TD1: Tesis de la vacuidad del matrimonio o del reconocimiento institucional del vínculo afectivo de dos humanos –“A mi entender deberíamos unirnos homosexuales y heterosexuales para que no haya mas casamientos.”

TD2: Tesis de la inutilidad del conjunto de instituciones normativas que rigen derechos y obligaciones conyugales y parentales –“... el tema de la herencia o los beneficios sociales,... estas cosas que ya están podridas, que fue un invento de los burgueses, y no les sirve a nadie.”

TD3: Tesis del carácter irrelevante de la estabilidad del vínculo amoroso -”... no hay amor que se sostenga... sino hay renovación... si los heterosexuales tuviéramos bolas, cambiaríamos de pareja con mucha mayor asiduidad.”

TD4: Tesis del carácter liberador de lo marginal –“Creo que los homosexuales mientras sigan siendo marginales, van a seguir siendo libres; en cuanto se encorseten en lo burgués, perdieron.”

TD5: Tesis del carácter políticamente progresivo de la alternancia sexual –“... si a la mañana te gusta un hombre, a la tarde una mujer, a la noche un perro, sos mucho menos manejable que si a los nenes le gustan las nenas y a las nenas le gustan los nenes.”

 

Cada una de estas tesis expone una Idea específica, que debemos analizar tanto desde la perspectiva que la propia autora le da, como desde una perspectiva crítica. La lectura que nos proponemos toma a las tesis de la Dra. Díaz en forma literal, dejando a un lado cualquier tentación de lectura irónica o mordaz[4] es decir evaluando las Ideas, y sus relaciones con la materialidad del espacio antropológico en el que se desarrollan los vínculos entre amantes humanos reales.

 

§2. El marco analítico de cualquier teoría del amor supone la previa caracterización de la estructura dialéctica del vínculo amoroso entre humanos pues –a diferencia de lo que sucede entre los no humanos sexuados- el vínculo sexual y amoroso se articula en dos niveles:

(i)            Nivel zoológico: el encuentro de dos mamíferos del genero homo sapiens sapiens, determinado por funciones fisiológicas y equilibrios bioquímicos;

(ii)        Nivel simbólico: el encuentro de dos subjetividades histórico-sociales determinado por valores y estimaciones que se fundan en la materialidad del espacio antropológico.

En el primero de los niveles está la determinación biológica fundamental de todos los seres vivos que se reproducen sexualmente, mientras que en el segundo se manifiestan las formas históricas específicas que esas determinaciones biológicas han adquirido v.g. el grupo biológico de machos y hembras –el clan, la manada, el macho alfa, etc. – y por otro la familia humana, como institución jurídica, como conjunto de derechos reales específicos, como sacramento religioso, como forma de desarrollo de un plan de vida, etc.  Así todo discurso sobre el amor y la sexualidad debe tener en cuenta que siempre y en todo caso, sobre la conducta sexual y amatoria humana operan determinaciones que pueden tener direcciones opuestas, v.g. como caso extremo de tal dialéctica podemos señalar el celibato que es seleccionado por razones simbólicas en ciertas comunidades religiosas, pero supone una anulación de una función biológica especifica, lo que pone al cuerpo en una situación de encrucijada.

Este carácter dialéctico del amor humano hace que nunca se pueda pensar una conducta sexual y amatoria humana sin un elemento histórico, y que la biologización de tal conducta –tal como analizarla en términos de efectos anatómicos y corporales- no resuelve ningún problema sino que los desplaza, sin abordarlos: consideremos TD3 donde se afirma la tesis cantidad de vínculos sexuales ® calidad creciente del vínculo amoroso-sexual, pero debemos preguntar ¿qué concepto de cantidad aparece en el antecedente de esta tesis? Porque si se refiere a cantidad aritmética entonces la autora debería sostener coherentemente que Julia hija de Augusto o Mlle Dubois, o Wilt Chamberlain o John Holmes fueron las personas que más amaron o cuyo amor se sostuvo más ya que tuvieron mas de diez mil amantes cada uno[5]. Esto lleva a la paradoja de afirmar que el vínculo amoroso se sostiene mientras desaparece –porque en la medida que hay mucha alternancia sexual el tiempo con cada uno de los compañeros es menor, lo que nos hace preguntar ¿qué es aquello que más se sostiene cuanto más se diluye (en el sentido que un vínculo efímero se diluye en cuando cesa su presente)?  La única respuesta posible a aceptar esta paradoja es entender que en TD3 la expresión “... amor que se sostiene...” se refiere a un sentimiento que el sujeto aplica a si mismo, pero de ese manera evitamos la paradoja al precio de caer en un autismo total como única posibilidad de vida amorosa y sexual.   Mas grave aún es que la noción de cantidad aritmética supone una reducción zoológica, pues elimina la especificidad humana e histórica que tiene cada vinculo al hacerlos intercambiables como meros elementos de una serie. Por consiguiente TD3 es una tesis inconsistente, que solo refleja por parte de la autora una extrema confusión de los planos zoológico e histórico.

Esta misma confusión se profundiza cuando la Dra. Díaz parece sostener que el encuentro de subjetividades históricas podría intercambiarse con el encuentro zoológico, v.g. TD5, afirmando al mismo tiempo que esta zoologización del encuentro sexual –i.e. el ejercicio alterno de la promiscuidad y el bestialismo- tenga un valor histórico social: contribuir a lo que la autora llama ser menos manejables o más libres, lo que podemos entender –sin traicionar su posición- incrementar la emancipación de un sujeto, pero cuesta entender la noción de emancipación que supone la autora.   Desde la tradición del materialismo histórico-dialéctico, que provee el sentido mas crítico para tal noción, emancipación se entiende como “... la empresa colectiva de supresión de los obstáculos que se oponen al... desarrollo múltiple de las energías humanas y a la creación de una forma de asociación digna de la naturaleza humana <que presupone> “el pleno desarrollo  del dominio humano sobre las fueras de la naturaleza, así como de la propia naturaleza de la humanidad”(Grundrisse, V)”[6]. Solo se puede afirmar TD5 si se entiende que un ejercicio cuantitativo de la sexualidad enriquece nuestra capacidad de actuar como agentes histórico-sociales autónomos, pero esta conexión presupone entender estos vínculos como vínculos que tienen una dimensión normativa, y esto está específicamente negado por TD1, TD2 y TD4; en rigor esta última tesis agrava la cuestión porque hay una contradicción manifiesta entre la apología de lo marginal que hace la autora–definido como estar fuera del tejido de instituciones que conforman una sociedad y de los actores sociales centrales, v.g. “... en cuanto se encorseten en lo burgués, perdieron...”  y cualquier tarea de emancipación política en el sentido de la tradición crítica del materialismo histórico-dialéctico, que presupone actores político-sociales que incrementen la calidad de las instituciones en función de ciertos fines antropológicos –vid. la referencia de Marx a la propia naturaleza de la humanidad. Por el contrario, la autora propone una posición cínica-estética, la del sujeto que rechaza el tejido institucional histórico-social y vive fuera dicha materialidad, incapaz en principio de asumir tareas emancipatorias de ninguna clase.

Pero aún más erróneo que plantear un vinculo inconsistente entre el ejercicio de la sexualidad o los vínculos amorosos y cualquier tarea política, la autora no reconoce que el mero hecho de que el vínculo sexual o amoroso se de entre sujetos históricos introduce las instituciones y el nivel simbólico aunque los amantes no lo declaren o incluso aunque ellos lo repudien abiertamente: en efecto todo contacto sexual entre humanos, en tanto no sea un contacto zoológico, debe satisfacer dos requisitos: ser voluntario, y no dañar, por lo contrario, si negamos esto, como parece hacerlo la autora, reducimos la sexualidad humana a mera zoología, o lo que es peor aún no podríamos discriminar un acto sexual normal de una violación, ya que la zoologización que propone la autora, al negar la dimensión histórica-social de los vínculos sexuales y amorosos, no puede discriminar al violador o abusador, que queda así legitimado, ya que es claro que –en tanto cópula entre dos mamíferos- la noción de violación o abuso es irrelevante; ya que esas nociones son nociones normativas que involucran directamente ciertas tesis acerca de derechos y obligaciones. Por consiguiente la exigencia de un carácter voluntario y consensual no es una exigencia zoológica, o cínico-estética, sino que surge de la naturaleza histórica de dicho vínculo.   Lo mismo ocurre cuando el coito es la causa de la adquisición de una enfermedad de trasmisión sexual: no tiene sentido imputar responsabilidad a un tapir que copulando con otro tapir le trasmite alguna enfermedad infecciosa. Pero si lo tiene en el caso de los sujetos humanos: la mentira respecto del estado de salud que poseemos, y que puede generar un daño irreversible, supone obligaciones que claramente son instituciones; ello puede verse en un reciente fallo de la Justicia Penal Ordinaria de Santa Fe ya que el 19/05/03, un juez rosario fallo bajo el cargo de lesiones gavísimas contra un joven que había ocultado su condición de infectado de SIDA a su pareja, produciendo un contagio al insistirle en tener relaciones sin preservativo[7], aquí también nociones como franqueza, responsabilidad, daño son nociones normativas que envuelven toda relación entre humanos. La autora lleva más allá su juicio negativo sobre la presencia de instituciones en los vínculos sexuales y amorosos ya que plantea una batalla contra el matrimonio (TD1, TD4). Pero la autora Díaz parece tener una idea muy ingenua de lo que es una institución, ya que no entiende que el matrimonio es una institución jurídica de derecho civil que emerge de la vasta red de características normativas que se involucran en el vínculo sexual y amoroso (como señalamos en el caso del consenso y el daño) y que solo tiene sentido hablar pro o contra de alguna forma específica de matrimonio, porque el matrimonio civil no es una esencia ahistórica, una Idea platónica a la que los matrimonios reales deben plegarse, sino que es una institución cuya forma material depende de los cambios en las organización de los afectos y de las luchas políticas para lograr que las formas institucionales reflejen las nuevas formas de subjetividad: precisamente el tema del matrimonio civil –o de algún tipo de institucionalización civil de los vínculos sexuales y amorosos- entre homosexuales supone una extensión de derechos fundamentales como ser los derechos de protección social –pensiones, herencia, seguros médicos- y los derechos reproductivos.

Por demás, TD3, tal como la expone la autora Díaz es una contradicción lógico formal: si un vínculo sexual o amoroso entre dos humanos que se debe sostener según esta tesis ese vínculo se debe acabar, lo que sería afirmar que la sostenibilidad de T supone la extinción de T.   Tal vez la autora piensa en los vínculos simultáneos, y no sucesivos, pero la expresión “cambiar de pareja... con asiduidad” no deja lugar a dudas: lo que la autora sostiene es que para mantener un vínculo X debemos terminarlo.

El resultado de nuestro análisis nos lleva a una conclusión: si el trabajo se lo lee literalmente es una apología de la reducción zoológica de los vínculos sexuales y amorosos, con lo cual la teoría subyacente del amor sería una zoología del amor, si, por lo contrario se lo lee oblicuamente, aparecen serias confusiones y contradicciones cuando se trata de abrir las metáforas y recursos retóricos presentes.  

Sin embargo las tesis de al autora tienen una virtud: exponen el otro lado de una teoría filosófica del amor y la sexualidad, que debería examinar la symploké entre al Idea de mamífero humano y la Idea de sujeto histórico-social, y en este plano avanzar hasta la dialéctica entre el encuentro sexual como lugar de la pasión,  la inmediatez, la fuga de la historicidad, y las propiedades normativas que tiene todo vínculo entre humanos.


 

[1] Puede encontrarse en http://www.nexo.org/reportajes02.htm

[2] Al sostener que las Ideas que propone la Dra. Díaz difieren radicalmente de las Ideas recibidas sobre el amor, nos referimos a las dos tradiciones que convergen en nuestras autoconcepciones como sujetos amantes y dotados de sexualidad; por un lado la tradición pagana greco-latina, por otro lado la tradición revelada o cristiana; y es en particular esta última, la que al sostener el carácter sacramental de la sexualidad reproductiva, y la inevitable mediación de una ley revelada –bajo la forma en que la interpreta una autoridad religiosa-  en todo ejercicio de la sexualidad, tal como la interpreta una autoridad religiosa, la que modeló las actitudes estándares acerca del amor.   Un ejemplo clásico de estas posiciones es la tesis de Agustín de Hipona para quien el amor de un humano por otro humano puede ser un bien o no, según que sea una inclinación (dilectio) desarraigada o no del amor a Dios, y el amor al prójimo sólo adquiere un sentido claro cuando análoga el amor a Dios, de ese modo nuestra capacidad de amar es una participación del amor de Dios para todos los seres humanos; a ese amor como participación se le aplica la máxima agustiniana: “Ama y haz lo que quieras, porque de esa raíz solo puede nacer el bien”; este amor a los humanos como imagen del amor de Dios, llega hasta fundar la propia sociedad v.g  ...dos amores fundaron, pues , dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena, y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial...<en la primera los hombres>  se ven bajo el yugo de la concupiscencia de dominio... y... creyéndose sabios , es decir engallados en su propia sabiduría a exigencias de su soberbia, se hicieron necios...” (Civitas Dei, XIV,28).   En esta teoría del amor, no solo sexualidad humana = sexualidad reproductiva, sino vínculo amoroso entre humanos » vinculo entre humanos y divinidad, y esta analogía se funda en la participación de nuestro amor en el amor divino, que impone en la voluntad un deseo de amar a nuestros prójimos como él nos ama.   En ese sentido cualquier predicación de un amor sensual, o de una sexualidad no reproductiva o meramente placentera supone un conflicto radical con el papel de amor en la economía de la creación.

[3] Empleamos la expresión teoría filosófica en un sentido preciso: la filosofía como “... la explotación de la symploké cristalizada en un conjunto concreto de Ideas que se han ido decantando en el proceso histórico mismo de la producción, que han sido “arrojadas” por así en el curso de ese proceso...” cfr. Gustavo Bueno El papel de la Filosofía en el conjunto del Saber, Editorial Ciencia Nueva Madrid, 1970, p. 251.  La symploké es el entretejimiento de todos los conceptos en el que, al mismo tiempo que forman un sistema, y como tal es operado desde la Lógica, forman un conflicto, y como tal es operado desde la Dialéctica; y tales Ideas son aquellas totalidades conceptuales  que organizan las operaciones humanas –desde operaciones de la conciencia de un individuo corpóreo, hasta operaciones de una civilización.   Toda operación de las Ideas ordena la multiplicidad de representaciones que la conciencia lógica se hace del espacio antropológico, entendido como el conjunto de seres humanos existentes desde el primer período de hominización hasta el frente, y el conjunto de relaciones entre ellos, de ellos a cosas y de ellos a númenes (cfr. El Basilisco 5 (1978) 57-70, lo que evita una consideración idealista de las Ideas como pertenecientes a un mundo ultraterreno o de entes abstractos.   Así las Ideas de Amor/desamor, Destino/Azar, Fidelidad/Infidelidad son centrales en los discursos y autoconcepciones sobre el amor que se han formulado en diversos espacios del espacio antropológico.

[4] Lo que podría suceder si se preguntara por la relación que tienen el bestialismo –ejercicio del amor sexual con no humanos animados- en la garantía de la autonomía de un actor político como lo da a entender TD5.

[5] Cfr. http://www.sexualrecords.com donde se hacen las correspondientes referencias históricas.

[6] Cfr. art. “Emancipación” en T. Bottomore (dr.) Diccionario del pensamiento marxista. Editorial Tecnos, Madrid, 1984.

[7] Cfr.  http://www.pagina12web.com.ar/diario/sociedad/3-25146-2003-09-7 donde se dan mas precisiones de este caso.

 
 
          

 

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