Asterión XXI

Revista cultural

           

 

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DOSSIER OROZCO

(1920-1999)

                                                                 

por Patricia Calabrese

 

  

 "Con sol en Piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay (La Pampa), y salí sollozando al encuentro de temibles cuadraturas y ansiadas conjunciones que aún ignoraba."

(De Anotaciones para una autobiografía)

   

     A menudo, se ha ubicado a Olga Orozco dentro de la "Generación del cuarenta" y se la ha vinculado con el neorromanticismo por su sensibilidad, por el tono elegíaco y melancólico de sus versos, por el lirismo de corte existencial y la recurrencia del pasado y la infancia concebida como un espacio mítico esencial. También se la ha asociado al surrealismo por el caudal de imágenes y metáforas de raigambre onírica; pero quizás podría decirse que asumió con convicción uno de los presupuestos proclamados por los surrealistas que consistía en que la gran tarea era hacer de la "propia vida un poema".

     Su concepción de la sacralidad del verbo poético la acerca a la larga tradición del Romanticismo alemán que a la vez que proclama el carácter sagrado de la palabra del poeta señala los riesgos que ella entraña: la locura es el castigo tradicional que los dioses reservan a quienes van más allá del límite de lo humano. Otro rasgo central en la obra de Olga Orozco es la dimensión religiosa y la indagación metafísica: antes de nacer el alma estaba en estrecha unión con Dios, era parte de él, muchos poemas hablan de la unidad perdida, de la aventura interior en su intento de desandar ese camino del exilio. Según Cristina Piña: "A esa unión, en el momento del nacimiento, le sucede la caída en la contingencia, es decir, la sujeción a las tres formas básicas de la limitación humana: el tiempo, el espacio y la individualidad, vividas por el alma como angustiosas y como marcas del exilio del Reino. De ese Reino, el alma guarda una secreta memoria". La reintegración a ese absoluto originario, se realiza a través del amor, que es una experiencia por recobrar la unidad o es el recuerdo de un ser amado perdido, y por medio de los "juegos peligrosos": la magia, la astrología, la cartomancia, también los sueños, todos senderos por los que se abre paso la fuerza incantatoria de la palabra y el poder revelatorio de las metáforas e imágenes que pueblan sus versos. La poesía, "auténtica casa del lenguaje" devana sus hilos en el intento por descifrar el entramado de signos y señales que componen la cifra del destino y del mundo.

   

Selección de Poemas

EL SELLO PERSONAL

(de Museo salvaje, 1974)

VII

(de Cantos a Berenice, 1977)
Al PIE DE LA LETRA (de La noche a la deriva, 1984)
EN TU INMENSA PUPILA (de La noche a la deriva, 1984)
CATECISMO ANIMAL (de En el revés del cielo, 1987)

                 

               

         

EL SELLO PERSONAL
               
Estos son mis dos pies, mi error de nacimiento,
mi condena visible a volver a caer una vez más bajo

[las implacables ruedas del zodíaco,

si no logran volar.
No son bases del templo ni piedras del hogar.
Apenas si dos pies, anfibios, enigmáticos,
remotos como dos serafines mutilados por la

[desgarradura del camino.

Son mis pies para el paso,
paso a paso sobre todos los muertos,
remontando la muerte con punta y con talón,
cautivos en la jaula de esta noche que debo atravesar
 

[y corre junto a mí.

Pies sobre brasas, pies sobre cuchillos,
marcados por el hierro de los diez mandamientos:
dos mártires anónimos tenaces en partir,
dispuestos a golpear en las cerradas puertas del

[planeta

y a dejar su señal de polvo y obediencia  como una

[huella más,

apenas descifrable entre los remolinos que barren el

[umbral.

  Pies dueños de la tierra,
  pies de horizonte que huye,

pulidos como joyas al aliento del sol y al roce  del

[guijarro:

dos pródigos radiantes royendo mi porvenir en los

[huesos del presente,

dispersando al pasar los rastros de ese reino

[prometido

que cambia de lugar y se escurre debajo de la hierba

[a medida que avanzo.

¡Qué instrumentos ineptos para salir y para entrar!
  Y ninguna evidencia, ningún sello de predestinación
 

[bajo mis pies,

  después de tantos viajes a la misma frontera.

Nada más que este abismo entre los dos,
esta ausencia inminente que me arrebata siempre

[hacia delante,

y este soplo de encuentro y desencuentro sobre cada

[pisada.

¡Condición prodigiosa y miserable!

He caído en la trampa de estos pies
como un rehén del cielo o del infierno que se

[interroga en vano por su especie,

  que no entiende sus huesos ni su piel,
  ni esta perseverancia de coleóptero solo,
  ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno
 

[retorno.

  Y adónde va este ser inmenso, legendario, increíble,

que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,
aquí, todavía de pie,
sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del
 

[diluvio?

    
 

(de Museo salvaje, 1974)

                               

   

  

VII 

 

     
Aún conservas intacta, memoriosa,
La marca de un antiguo sacramento bajo tu paladar:
tu sello de elegida, tu plenilunio oscuro,
la negra sal del negro escarabajo con el que bautizaron

[tu linaje sagrado

y que llevas, sin duda, de peregrinación en peregrinación.
¿Para quién la consigna?
¿Qué te dejaste aquí? ¿qué posesiones?
¿O qué error milenario volviste a corregir?
Ahora llegas caminando hacia atrás como aquellos que vieron.
Llegas retrocediendo hacia las puertas que se alejan con alas vagabundas.
Tal vez te asuste la invisible mano con que intentan asirte
o te espante este calco vacío de otra mano que creíste encontrar.
Vuelcas el plato y permaneces muda como aquellos que vuelven,
como aquellos que saben que la vida es ausencia amordazada,
y el silencio,
una boca cosida que simula el olvido.
   

                (de Cantos a Berenice, 1977)

                   

 

  

AL PIE DE LA LETRA
  
El tribunal es alto, final y sin fronteras.
Sensible a las variaciones del azar como la nube o

[como el fuego,

registra cada trazo que se inscribe sobre los territorios

[insomnes del destino.

De un margen de la noche a otro confín, del permiso

[a la culpa,

dibujo con mi propia trayectoria la escritura fatal, el

[ciego testimonio.

Retrocesos y avances, inmersiones y vuelos,

[suspensos y caídas

componen ese texto cuya ilación se anuda y desanuda

[con las vacilaciones,

se disimula con la cautela del desvío y del pie sobre el

[vidrio,

se interrumpe y se pierde con cada sobresalto en 

[sueños del cochero.

¿Y cuál sera el sentido total, el que se escurre como la

[bestia de la trampa

y se oculta a morir entre oscuras malezas dejándome 

[la piel

o huye sin detenerse por los blancos de las

[encrucijadas, laberinto hacia adentro?

  Delación o alegato, no alcanzo a interpretar las

[intenciones del esquivo mensaje.

Difícil la lectura desde aquí, donde violo la ley y soy

[el instrumento,

donde aciertos y errores se propagan como una

[ondulación,

un vicio del lenguaje o las disciplinadas maniobras de

[una peste,

y cambian el color de todo mi prontuario en adelante

[y hacia atrás.

Pero hay alguien a quien no logra despistar la

[ignorancia,

alguien que lee aun bajo las tachaduras y los

[desmembramientos de mi caligrafía

mientras se filtra el sol o centellea el mar entre dos
 

[líneas.

  Impresa está con sangre mi confesión; sellada con
 

[ceniza.

    

                        (de La noche a la deriva, 1984)

       

    

EN TU INMENSA PUPILA
     
Me reconoces, noche,
me palpas, me recuentas,

no como avara sino como una falsa ciega,
o como alguien que no sabe jamás quién es la náufraga

[y quién la endechadora

Me has escogido a tientas para estatua de tus alegorías,
sólo por la costumbre de sumergirme hasta donde se

[acaba el mundo

y perder la cabeza en cada nube y a cada paso el suelo

[debajo de los pies.

¿Y acaso no fui siempre tu hijastra preferida,
esa que se adelanta sin vacilaciones hacia la trampa

[urdida por tu mano,

la que muerde el veneno en la manzana o copia tu belleza del espejo traidor?
Olvidaron atarme al mástil de la casa cuando tú pasabas
para que no me fuera cada vez tras tu flauta encantada de ladrona de niños,

y fue a expensas del día que confundí en tu bolsa la blancura y la nieve, los

[lobos y las sombras.

Ahora es tarde para volver atrás y corregir las horas de acuerdo con el sol.
Ahora me has marcado con tu alfabeto negro.
Pertenezco a la tribu de los que se hospedan en radiantes tinieblas,

de los que ven mejor con los ojos cerrados y se acuestan del lado del abismo

[y alzan vuelo y no vuelven

cuando Tomás abre de par en par las puertas del evidente mediodía.
Tú fundas tu Tebaida en lo invisible. Tú no concedes pruebas. Tú aconteces,

[secreta, innumerable, sin formular,

como una contemplación vuelta hacia adentro,
donde cada señal es el temblor de un pájaro perdido en un recinto inmenso
y cada subida un salto en el vacío contra gradas y ausencias.
Tú me vigilas desde todas partes,
descorriendo telones, horadando los muros, atisbando entre fardos de

[penumbra;

me encuentras y me miras con la mirada del cazador y del testigo,
mientras descubro en medio de tus altas malezas el esplendor de una ciudad

[perdida,

o busco en vano el rastro del porvenir en tus encrucijadas.
Tú vas quién sabe adónde siguiendo las variaciones de la tentación

[inalcanzable,

probándote los rostros extremos del horror, de la extrema belleza,
la imposible distancia de los otros, el tacto del infierno,
visiones que se agolpan hasta donde te alcanza la oscuridad que tengo,
hasta donde comienzas a rodar muerte abajo con carruajes, con piedras y

[con perros.

Pero yo no te pido lámparas exhumadas ni velos entreabiertos.
No te reclamo una lección de luz,
como no le reclamo al agua por la llama ni a la vigilia por el sueño.
O habría de confiar menos en ti que en las duras, recelosas estrellas?
¡Hemos visto tantos misterios insolubles con sus blancos reflejos, aun a

[pleno sol!

Basta con que me lleves de la mano como a través de un bosque,
noche alfombrada, noche sigilosa,
que aprenda yo lo que quieres decir, lo que susurra el viento,
y pueda al fin leeer hasta el fondo de mi pequeña noche en tu pupila

[inmensa.

     

(de La noche a la deriva, 1984)

      

     

 

CATECISMO ANIMAL

  
Somos duros fragmentos arrancados del reverso del

[cielo,

trozos como cascotes insolubles
vueltos hacia este muro donde se inscribe  el vuelo de la

[realidad,

la mordedura blanca del destierro hasta el escalofrío.
Suspendidos en medio del derrumbe por obra del error,
enfrentamos de pie las inclemencias, la miserable

[condición del rehén,

expuestos del costado que se desgasta al roce de la

[arena y al golpe del azar,

bajo el precario sol que quizás hoy se apague, que no

[salga mañana.

  No tenemos ni marca de predestinación ni vestigios de

[las primeras luces;

ni siquiera sabemos qué soplo nos expulsa y nos aspira.
Apenas si el sabor de la sed, si la manera de traspasar

[la niebla,

si esta vertiginosa sustancia en busca de salida,

hablan de alguna parte donde las mutiladas visiones se

[completan,

donde se cumple Dios.
Ah descubrir la imagen oculta e impensable del reflejo,
la palabra secreta, el bien perdido,
la otra mitad que siempre fue una nube inalcanzable

[desde la soledad

y es toda la belleza que nos ciñe en su trama y nos

[rehace,

una mirada eterna como un lago para sumergir el amor 

[en su versión insomne,

en su asombro dorado.
Pero no hay quien divise el centelleo de una sola fisura

[para poder pasar.

Nunca con esta vida que no alcanza para ir y volver,
que reduce las horas y oscila contra el viento,
que se retrae y vibra como llama aterida cuando asoma

[la muerte.

Él quedará incrustado en este muro.
Él será más opaco que un pedrusco roído por la lluvia

[hasta el juicio final.

¿Y servirá este cuerpo más allá para sobrevivir,
el inepto monarca, el destronado, el frágil desertor

[obligatorio,

rescatado otra vez desde su nadie, desde las entrañas

[de un escorial de brumas?

¿O será simplemente como escombro  que se arroja y se
 

[olvida?

No, este cuerpo no puede ser tan sólo para entrar y

[salir.

Yo reclamo los ojos que guardaron el Etna bajo las

[ascuas de otros ojos;

pido por esta pìel con la que caigo al fondo de cada

[precipicio;

abogo por las manos que buscaron, por los pies que

[perdieron;

apelo hasta por el luto de mi sangre y el hielo de mis

[huesos.

Aunque no haya descanso, ni permanencia, ni sabiduría,
defiendo mi lugar:
esta humilde morada donde el alma insondable se

[repliega,

donde inmola sus sombras
y se va.
   

(de En el revés del cielo, 1987)

     

   

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